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Canciones que me hablaron de ti. 
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Título Original: Canciones que me hablaron de ti.
Autora: Akasha Valentine.
Número de Páginas: 37.
Género: Relato Romántico Tradicional.
Idioma: Castellano.
Volumen: Único.
Depósito Legal: M-006567/2013.
Ilustración de cubierta: © 2013 Akasha Valentine.
Fotografía del autor: © 2013 Akasha Valentine.
Fecha de publicación: 20/08/2013.
Precio de la obra: Gratuito.


Sinopsis de la obra:

"Corazones destinados", "Sin ti" y "Vivo en tu memoria" componen esta obra que lleva por título "Canciones que me hablaron de ti". Historias de ficción que invitan a la reflexión y que nos ayudan a evadirnos durante su lectura del mundo, para adentraros en la vida de sus personajes.

Puedes descargar la obra completa a través del siguiente enlace: http://www.mediafire.com/download/ua1q3 ... +de+ti.pdf

Etiquetas: Canciones que me hablaron de ti, Relatos de Akasha Valentine, Relato Romántico, Corazones destinados, Sin ti, Vivo en tu memoria.

Todos los relatos aquí publicados son © Akasha Valentine 2013, y la autora es propietaria de los derechos de autor. Si ves algún relato en otra web, foro u otro medio, están cometiendo un delito, salvo que cuenten con el permiso expreso de la autora, y siempre que esté citada la fuente y la autoría.

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Mi novela "Cartas a mi ciudad de Nashville" disponible en la web y en blog. Todos los derechos reservados © 2014-2020.


Última edición por Akasha_Valentine el Jue Ago 22, 2013 5:38 pm, editado 2 veces en total



Mié Ago 21, 2013 6:26 pm
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Título Obra completa: Corazones destinados
Título Obra completa: Canciones que me hablaron de ti.
Autora: Akasha Valentine.
Número de Páginas de la obra completa: 37.
Género: Relato Romántico Tradicional.
Idioma: Castellano.
Volumen: Único.
Depósito Legal: M-006567/2013.
Ilustración de cubierta: © 2013 Akasha Valentine.
Fotografía del autor: © 2013 Akasha Valentine.
Fecha de publicación: 20/08/2013.
Precio de la obra: Gratuito.


Lectura de la obra online.

Un sonido penetrante que se introduce en mis oídos estableciendo en mi interior una sensación de agitación duradera. Esta misma impresión obligada a aletear con violencia por unas cuerdas invisibles que la incitan a mover sus etéreas alas sin poder echarse a volar me aflige e inquieta, pues con cada paso que imprimo en los escalones caigo en la cuenta de que me estoy alejando de tu lado a una velocidad tan rauda y veloz que me produce aversión el simple hecho de imaginarme lejos de ti. Aún nerviosa y temblorosa me sujeto de la barandilla más por miedo a caerme que por otra cosa. Agacho la mirada de forma insegura para posar mis pupilas sobre mis viejas zapatillas de deporte desgastadas por las suelas y carcomidas las punteras que ahora añoran cada marca de pisada que seguí a tu lado sin preguntarme por qué debía de seguirte si apenas habíamos intercambiado palabra alguna y nuestros nombres aún resonaban en nuestras cabezas intentando memorizarlos para no olvidarnos de ellos. ¡Qué ingenua soy al creer en el amor a primera vista! Pues jamás he conocido historia alguna como la nuestra en la boca de un conocido y en las páginas de los libros son tan fantásticas que se inventan sólo para aliviar la pesada carga de los corazones de quienes la crean.

Contemplo mi asiento desde una posición incómoda impidiendo el paso a los demás pasajeros que se agolpan a mis espaldas y sus voces resuenan en el interior del tren pidiéndome que avance sin detenerme, pero no puedo hacerlo, pues he refrenando mis propios movimientos temiendo así tomar una decisión equivocada. Froto mis piernas entre sí como si imitara la sensación de entrar en calor, pero lo cierto es que oculto una emoción cubierta de incomodidad debajo de la tela vaquera de mis pantalones evitando así la necesidad de correr detrás de tu persona para pedirte que no te alejes de mí mientras aún estamos a tiempo de cambiar nuestros propios destinos, antes de que sea tarde, anticipándonos a la distancia que se va a crear entre nosotros si no nos damos prisa y retomamos el camino que dejamos atrás.

Mi cuerpo se mueve en contra de mi voluntad, no en la dirección que quiero y mucho menos en la trayectoria que anhelo, pero tampoco me veo con la fuerza necesaria para ejercer de palanca y obligarlo a retroceder en favor de mis propios deseos. He llegado sin quererlo a mi destino, a ese asiento en el que no quiero reposar mis cansados huesos y sobre el que dejaré morir mis emociones más profundas. Lo contemplo desde una distancia prudente. Es viejo y a simple vista parece incómodo. Tal vez lo sea, pienso de inmediato, y ni tan siquiera el color con el que se ha teñido la piel me resulta atractivo; algo dentro de mí me incita a no reposar sobre él mis sueños o turbaciones, me repugna la imagen que se alza ante mi persona y sin embargo no puedo evitarla, así que con gran pesar en el alma doblo mi torso y acomodo mi cuerpo en ese asiento desagradable a la vista e incómodo al tacto.

Mis dedos se sienten prisioneros de mi cuerpo, quieren irse de mi lado, volver a enredarse con los tuyos y olvidarse de que un día estuvieron atados a mi persona. No se lo puedo reprochar, pues yo tengo la misma sensación que ellos. Obligados a sujetar una pesada mochila de viaje, no tienen ningún reparo en cortar el sustento que fluye a través de mis venas y cuya tonalidad se asemeja al único dibujo que nos atrevimos a dejar plasmado en una vieja carretera abandonada cuyo nombre no recuerdo y cuya dirección no tiene emplazamiento en el mapa. Alzo en el aire mis entumecidas articulaciones, esgrimo en mi rostro una expresión de dolor, pero no emito sonido alguno que alarme a mis labios o que ayude a generar más tensión en mi corazón malherido. Retiro con precaución esos largos cabellos que caen sobre mi rostro, ocultando unos ojos empañados de lágrimas y unas mejillas acaloradas por el sofoco de mis lamentos, conduzco de nuevo mis dedos hacia la parte inferior, donde he dejado entre mis rodillas una bolsa llena de recuerdos cerrada con cremallera para que no escapen de ella. La abro con suma rapidez y no puedo evitar sorprenderme al descubrir en su interior un álbum con miles de anotaciones, fotografías, postales, sueños, frases, palabras y dibujos que día a día desde que nos conocimos fuimos pegando, escribiendo o garabateando con el único fin de no olvidarnos del tiempo que pasamos juntos. ¿Puedo entonces creer en este sueño que parece ser irreal? Me da miedo pensar que sí, puesto que tú ya no estás a mi lado para asentir con tu cabeza y rodearme con tus brazos mientras me susurras frases en las que siempre comienzas con los pronombres tú y yo. No fingiré o aparentaré sonrisas falsas cuando vuelva a posar mis ojos sobre tu fotografía, y ahora que me doy cuenta de cuán grande será la distancia que nos separe me arrepiento de no haber atrapado tu voz en algún recipiente que tuviera a mano para así no añorarla en estos momentos. Destapo la primera página y lo primero que encuentro es un retrato tuyo, con la mirada perdida; mientras imagino en qué estarías pensando en aquellos momentos. Ojalá pudieras contármelo, te escucharía una otra vez sin sentir durante un solo instante el aburrimiento que produce oír la misma historia sin cesar. Grabaría cada una de tus palabras en mi mente y posiblemente las escribiría en un cuaderno para recordarlas y así no olvidarme de ellas nunca más por muchos años que pasaran estando lejos de ti.

Quiero cerrar los ojos durante un breve periodo de tiempo. ¿Es posible hacerlo? ¿Es prudente llevar a cabo tal hazaña? Pues el único motivo por el quiero hacerlo es para no distraerme con los ires y venires de las personas que fluyen a través del estrecho pasillo que hay junto a mi asiento. Quiero volver al pasado, aunque sólo puedo hacerlo a través de mi imaginación para recordar esa vieja estación de tren, cuyas láminas de madera decoran unos suelos astillados por las pisadas y hundidos por los bancos de listones y hierro que recogen miles de historias a lo largo del día. Tengo la sensación de que soy como un viejo libro abandonado a mi suerte, una maleta extraviada o un pensamiento despistado que se ha quedado enredado en el techo de la estación. Quiero descansar con la espalda apoyada en la pared y las piernas estiradas sobre unas escaleras que nadie desea bajar, necesito tararear entre mis labios esa canción que no se me va de la cabeza y que me recuerda tanto a ti que incluso le he puesto tu nombre como homenaje a tu persona. Pero una vez más me veo obligada a despertar y pasar de nuevo otra página para seguir imaginándote y mantenerte vivo en el recuerdo que ahora ya forma parte del ayer.

Ojalá los días fueran más largos y nuestros sentimientos menos dolorosos. Estar a tu lado se ha convertido en un motivo por el que sonreír y en una razón por la que vivir. Me agradaba sentirte a mi lado, atesorando en mis recuerdos esos momentos que compartimos de forma mutua antes de que formaran parte del ayer. No quiero perderlos y mucho menos me niego a olvidarlos, por eso los rememoraré en mi mente sin descanso de forma consciente hasta quedar exhausta por el cansancio.

Quiero pedirte, aunque ya no estés a mi lado para oírme, que me des un motivo por el que siempre merezcas ser contemplado, para no perderme por el camino y pasar por alto todos esos gestos que me hacen tan feliz. ¿Recuerdas con qué cuidado recogiste aquella flor que me regalaste? Ahora me atrevo a confesarte sin miedo a parecer una persona ridícula que aún la conservo, pues la he guardado en una caja de cristal en lo más profundo de mi corazón, donde la lluvia jamás podrá romper ni uno de su pétalos ni el tiempo destrozar su tallo o desgastar los vivos colores con los que fue pintada. Su olor es lo que más perdura en mí, pues en las líneas que forman su tallo tu aroma se ha quedado impregnado y resulta ser tan embriagador como cautivador, pues aún logra mecer de forma melosa la punta de mi nariz sin que yo pueda apartar el rostro de su figura para seguir deleitándome con su perfume.

Una nueva imagen aparece en la siguiente página prácticamente vacía a excepción de la única foto que la acompaña. Es una instantánea que te tomé cuando me mirabas, con tus perfectos labios enmarcados en una sonrisa y tus claras pupilas del mismo color del cielo de aquel día fijas en mí. Pensé que todo aquello que me estaba sucediendo no podía ser real, pero tú alargaste tus brazos, posaste tus manos sobre mis hombros y tiraste de mí para rodearme con ellos y sostenerme durante las largas horas que pasamos en silencio con la mirada fija, enamorándonos durante millones de segundos antes de que la lluvia nos interrumpiera y nos obligara a buscar un refugio menos acogedor.

Quiero quedarme aquí para siempre, pegada a esta ventana llena de luz natural, cerrando los ojos mientras pienso en ti a unos cuantos metros de mi lado, imaginándote tendido sobre el asiento de un vagón, con el cuerpo reclinado, cantando tu canción favorita mientras golpeas con suavidad el puño de tu mano izquierda cerrado mientras me llamas en silencio por mi nombre antes de que tengamos que volver a la realidad.

He encontrado una cita que siempre me gustó anotada en el borde de una de las páginas atestadas de dibujos y fotografías, la cual dice que “Sólo aquel que tenga un corazón noble nunca dejará crecer la mala hierba en él”. Ahora me doy cuenta de la importancia de estas palabras que en un principio no supe entender: si estoy a tu lado de forma voluntaria nunca me tendré que preocupar por tomar el camino equivocado, pues tú estarás ahí para corregirme.

No quiero pestañear, pues he encontrado mi fotografía favorita entre un millón, esa en la que tú y yo descansamos inclinados sobre unas escaleras y tú haces volar tus manos para captar ese momento que fue tan mágico y fugaz que apenas tuvimos tiempo para saborearlo.

Cariño, perdóname por emplear esta inclinación de amor hacia tu persona pero para mí eres el hombre perfecto, tantas virtudes aún por desarrollar y ver y pocos defectos con los que tener que lidiar.

Un nuevo folleto se despega de otra página inundando mi mente de bellos recuerdos, sofocando de calor la palma de mi mano que ese día se enredó con la tuya, mientras el conocimiento y la historia caminaba bajo nuestros pies y nosotros apenas teníamos tiempo de asimilar todo cuanto nos estaba sucediendo.

He vuelto a inclinar mi cabeza contra el cristal de la ventana, mis largos cabellos se han quedado prendidos y mis labios cantan sin cesar esa canción que nunca compuse pero que no cesa de hablar de ti y de mí. Desearía que este sueño nunca terminase, al igual que anhelé en su momento permanecer eternamente unida a tu mano mientras contemplábamos esas vistas desde el mirador donde nadie más miraba excepto tú y yo.

La noche ha comenzado a caer y mi propia inquietud baila con frialdad con las luces de las farolas. Me siento algo perdida, por eso le ruego al cielo que pronto nos devuelva la cálida luz con la que nos bañamos cada mañana, para así tener una excusa para contemplarnos cuando los rayos se posen sobre nuestros rostros. Me gusta como finges ver ese paisaje inmóvil cuando en realidad me miras a través del rabillo del ojo, pues me siento más cerca de ti aunque no empleemos palabras para confirmar lo que te estoy diciendo.

Un nuevo recuerdo llena ahora mis sueños, ese mismo en el que tú y yo estamos más cerca del cielo que nunca, meciendo nuestras manos en el aire, enredando nuestros dedos, apoyando nuestras cabezas la una contra la otra mientras pensamos que el mundo se ha detenido durante un solo segundo para contemplarnos mientras nosotros permanecemos con los ojos cerrados impasibles a todo cuando sucede a nuestro alrededor.

La canción ha llegado al estribillo, el final está cerca, y al igual que una composición debe llegar en cualquier momento a su final, creo que esta ilusión también debe terminar. Me gustaría que no fuera así, pero si no corremos hacia delante, dejando atrás un pasado que ya ha sucedido y no volverá, nos perderemos muchas otras cosas nuevas que aún no han tenido oportunidad de llegar. Así que, cariño, no olvides las huellas que un día dejé impresas en el suelo y ven rápido a buscarme, recoge mi corazón por el camino, y corre entre las personas que ocupan los andenes que nos separan de un destino donde la felicidad nos espera sin lágrimas en los ojos, ni abrazos o besos con sabores amargos.

Somos dos personas destinadas a estar juntas, los sueños que vivimos o los que viviremos serán sólo el comienzo de una fantástica aventura que aún se encuentra atascada en ese viejo banco de la estación de tren donde nos conocimos. No quiero perderte, así que date prisa en venir a buscarme, sigo postrada en este viejo sillón carcomido por los años y el uso donde la esperanza se muere por verte y mis labios por besarte.


-FIN-

Puedes descargar la obra completa a través del siguiente enlace: http://www.mediafire.com/download/ua1q3 ... +de+ti.pdf

Etiquetas: Canciones que me hablaron de ti, Relatos de Akasha Valentine, Relato Romántico, Corazones destinados, Sin ti, Vivo en tu memoria.

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Última edición por Akasha_Valentine el Jue Ago 22, 2013 5:38 pm, editado 2 veces en total



Mié Ago 21, 2013 6:51 pm
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Título Obra completa: Sin ti.
Título Obra completa: Canciones que me hablaron de ti.
Autora: Akasha Valentine.
Número de Páginas de la obra completa: 37.
Género: Relato Romántico Tradicional.
Idioma: Castellano.
Volumen: Único.
Depósito Legal: M-006567/2013.
Ilustración de cubierta: © 2013 Akasha Valentine.
Fotografía del autor: © 2013 Akasha Valentine.
Fecha de publicación: 20/08/2013.
Precio de la obra: Gratuito.


Lectura de la obra online.

Sé que has olvidado tus lágrimas en un lugar del ayer, pero yo aún las sigo recordando en aquel pequeño rostro que un día ocupó tu diminuta figura. Recuerdo perfectamente la distancia que nos separaba, la forma en la que tu padre alborotaba tus cabellos o la desgastada necesidad que tenías de parecer una figura calmada cuando te mordías tus dedos intentando acallar tus palabras para no tener que pedir ayuda. Yo, que al igual que tú era una minúscula figura a los ojos de mi progenitor, me di cuenta de que en el fondo éramos dos almas iguales unidas en el dolor y la desgracia. No deseaba quedarme allí, y mucho menos seguir viendo semejante imagen, pero algo dentro de mí me impulsaba a quedarme, así que sin relajar ni uno solo de mis músculos mantuve la compostura y esperé pacientemente a que todo acabase de una vez por todas. Detrás de mí oí unas voces familiares y yo simulé no escucharlas, no quería que interrumpiesen la visión de ese marco de desgracia que se estaba creando delante de mis ojos. Me acerqué a ti cuando me lo ordenaron, y sin poder evitarlo sentí una punzada en el corazón tan fuerte y dolorosa que me atravesó todo el cuerpo y me obligó a respirar de forma apresurada como si intentara no ahogarme en mi propia angustia. Me fijé en tus diminutas manos, sucias y pequeñas, llenas de heridas infligidas por duros trabajos que se habían abierto paso a través de tu piel dándole un aspecto demacrado y repulsivo a la vista, y una vez más mi corazón volvió a sentir una profunda sacudida y mis manos temblaron como si alguien las estuviera azotando con todas sus fuerzas.

Me quedé sin voz, y por más que intentaba recuperarla no podía emitir palabra alguna con la que atraer tu atención, hasta que sentí el calor de las yemas de tus dedos a través del cuero de la piel de mis guantes. Fue entonces cuando ese nudo que se había formado en mi interior desapareció y pude decirte cómo me llamaba, esperando conocer tu nombre, anhelando saber algo más de ti, algo tan simple como tu gracia.

Oír tu voz aceleró los latidos de mi corazón y por primera vez en mi corta vida comprendí lo que significaba la palabra compasión. Tus diminutos dedos se enredaron entre tus ropas mientras intentabas mantener la compostura ante mi persona. Suspiré, aliviando más mi carga emocional que el malestar que me producía ver afligida de aquella forma tu alma. Cerré los ojos para que aquella triste visión no me afectara, pero algo dentro de mí me impulsó a abrirlos de forma apresurada, pues tenía miedo de que si los dejaba durante demasiado tiempo cerrados alguien de la casa te alejara de mi lado para siempre. Así que sin darme cuenta fui abriéndote poco a poco mi corazón, en el que solamente tú eres la única dueña capaz de mirar en su interior. Y esa idea es la que más miedo me da, pues tú mejor que nadie conoces todas mis debilidades y defectos.

Los años han desplazado a los días en el calendario, y ya nada ha vuelto a ser igual. Hemos madurado, pero la distancia que un día nunca fue un impedimento en nuestras vidas ahora se alza como un telón de acero delante de nuestras personas y las tensiones crecen cada vez que abrimos la boca mientras nos negamos a ser del todo sinceros con respecto a nuestros sentimientos. A veces me pregunto si mi vida sin ti no sería mucho más sencilla. Pero esa idea pasa como un pensamiento fugaz del que pronto me deshago, pues nada me aterra más que la sola idea de perderte. Sé que me muestro ante ti distante y frío, como si tus emociones no me importaran, pero precisamente porque eres la única persona capaz de mover mi mundo debo mantener la cabeza fría y serena y no pensar en lo que sería capaz de hacer si supieras cuánto me importas.

Siento celos de cada cosa que te rodea. Y sé cuán ilógico resulta pensar de esta forma, pero si no logro enmascarar mis propias emociones mostraré mi debilidad ante el mundo que me rodea y todos los que odio te atacarán a ti con el único fin de hacerme daño. Por eso me disculpo en silencio, anhelando tu perdón, aunque te resulte difícil verlo entre esta espesa capa de humo que creo a mi alrededor para proteger es el tesoro más valioso que poseemos: nuestro proprio amor.


-FIN-

Puedes descargar la obra completa a través del siguiente enlace: http://www.mediafire.com/view/ua1q35j1q ... _de_ti.pdf

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Mié Ago 21, 2013 6:57 pm
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Título Obra completa: Vivo en tu memoria.
Título Obra completa: Canciones que me hablaron de ti.
Autora: Akasha Valentine.
Número de Páginas de la obra completa: 37.
Género: Relato Romántico Tradicional.
Idioma: Castellano.
Volumen: Único.
Depósito Legal: M-006567/2013.
Ilustración de cubierta: © 2013 Akasha Valentine.
Fotografía del autor: © 2013 Akasha Valentine.
Fecha de publicación: 21/08/2013.
Precio de la obra: Gratuito.


Lectura de la obra online.

Imágenes difuminadas que se confunden en mis ojos y me obligan a ladear lentamente mi cabeza como si no mereciese la pena detenerse a contemplarlas. Resulta una ardua tarea fijar la vista en un punto inanimado mientras te tengo tan cerca de mi persona y el sabor de tu boca se ha quedado impreso en una copa a la espera de ser tocada por tus dedos, saboreada por tus labios e ingerida por tu garganta. De nuevo me obligo a mantener la compostura, pestañeo incesantemente, intentando olvidar quién era en tu vida, saboreando en mi seco paladar palabras que tú nunca oirás y aunque me digo a mi mismo que no merece la pena fijar la mirada en tu espalda, mis emociones me traicionan y deseo fervientemente apoyar las yemas de mis dedos en tu desnuda y blanca piel, para recorrer con su punta cada espacio abierto que la tela deja entrever.

Tu vaporoso vestido, de lineas cruzadas, resulta ser un imán para mi vista, pues aunque me niego rotundamente a seguir posando mis ojos sobre él, me siento tentado a mirarlo una y otra vez como si no tuviera nada mejor que hacer. Sin valor, sin fuerzas, sin energía, me quedo cuando tu boca se posa sobre la copa de cristal y tu lengua y tu garganta ingieren el afrodisíaco líquido que en su interior reposa, y maldigo la abismal distancia que nos separa, pues aunque mis palabras puedan parecerte cercanas en realidad suenan demasiado lejanas para que puedas escucharlas.

Cariño, sé que lo sabes, pero aún así quiero volver a repetírtelo: no importa dónde este o lo que haga cada segundo de mi existencia terrenal o espiritual, tú siempre has sido y serás la única idea fija en mi cabeza, porque amarte es el mejor regalo que la vida pudo ofrecerme, y ahora que ya no estoy a tu lado seguir vivo en tu memoria es el mejor legado que el mundo me ha dejado para poder regalarte. Así que, amor mío, no te inquietes, mi muerte no ha sido mi final, pues aunque no me sientas o no puedas verme, yo sigo estando aquí a tu lado, vivo en ti, en tus recuerdos e imágenes, en cada fotografía o rincón de casa, en cada beso que dejé impreso sobre tu piel. A tu lado, hasta el final de tus días, estoy junto a ti velando por tu vida hasta el día en que vuelva a verte.


-FIN-

Puedes descargar la obra completa a través del siguiente enlace: http://www.mediafire.com/view/ua1q35j1q ... _de_ti.pdf

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Mié Ago 21, 2013 7:15 pm
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Traducción al español por Huan Manwë para phpBB España