El microrrelato del día: Llantos en la oscuridad.

Microrrelatos 2015

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Akasha_Valentine
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El microrrelato del día: Llantos en la oscuridad.

Mensaje por Akasha_Valentine » 02 Abr 2015 13:52

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Título Original: Llantos en la oscuridad © 2015.
Autor: Akasha Valentine.
Género: Microrrelato/Terror
Idioma: Castellano.
Volumen: Único.
Ilustrador: Akasha Valentine - 2015.
Corrector: José Antonio.
Editor: Akasha Valentine.
Fecha de publicación: 01/04/2015.

LLANTOS EN LA OSCURIDAD POR AKASHA VALENTINE.

Abrió los ojos de improviso en mitad de la noche y lo único que pudo ver con ellos fue la inmensa oscuridad de las tinieblas engullendo cada minúsculo centímetro de su estrecho apartamento. Se despertó porque le había alarmado el inquietante sonido del llanto de un niño que provenía del piso superior. Dado que aún no conocía a los vecinos del residencial y tampoco estaba dispuesto a entrometerse en la vida de nadie, ignoró durante dos horas el incesante lloriqueo del pequeño, hasta que no pudo soportarlo por más tiempo y decidió saber qué estaba pasando.

Se levantó torpemente de la cama, aún somnoliento; tanteó en la oscuridad con la palma de su mano buscando la mesilla de noche, y donde debían de estar las gafas había un vaso de cristal que se le resbaló de los dedos y contra el suelo fue a parar. Se hizo mil pedazos, y esto le puso aún de peor humor, así que cuando se levantó para limpiar aquel desastre tropezó con sus propios pies y al caer se hizo un buen corte en el talón y otros en algunos dedos. Irritado por la mala suerte que estaba sufriendo subió echo un manojo de nervios, aún con la herida abierta, esperando que al menos los vecinos del piso superior pudieran prestarle la ayuda que necesitaba para sanar sus heridas. Al llegar a la planta superior aporreó la puerta, pero no hubo respuesta alguna, y lo único que oyó cuando apoyó su oreja sobre la puerta fue el sepulcral silencio de la noche.

Inquieto y preocupado volvió a aporrearla, sólo que esta vez cedió al tercer golpe de su mano. Al abrirse se dio cuenta de que el piso estaba tan vacío y descuidado que casi daba pena verlo. La ventana estaba abierta y el gélido viento mecía una ajada cortina. Dudó en el umbral durante unos minutos sobre si debía de pasar o por el contrario marchase; después de pensárselo durante un corto periodo de tiempo se aventuró a dar el siguiente paso, y finalmente entró. Una vez en el interior de la vivienda la puerta se cerró a cal y canto, y lo único que allí se oyó fueron sus propios alaridos y gritos pidiendo auxilio durante una breve fracción de segundo, justo antes de que tuviese la certeza de que iba a morir en aquel lugar.


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